jueves, 6 de mayo de 2010

Las perspectivas cambian con respecto a la cirugía

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Si bien el martes me curaron de espanto con el incidente de la colostomía, hoy los cirujanos me han dejado maravillada. Y que conste que no uso ironías.

Hoy, por primera vez en mi vida, he entrado a un quirófano sin ser una paciente, y ha sido una experiencia genial. Como si hubiera atravesado la densa niebla que existe entre los pacientes y los cirujanos, viendo por fin qué se cuece realmente mientras uno está dormido o sedado por efectos de la anestesia. 

Entré algo nerviosa. Después de la experiencia del martes no sabía si volvería a sentirme incómoda, no sabía si al igual que algunos compañeros me daría un bajón de tensión y me desplomaría al suelo, o si no iba a ser capaz de mirar cómo usaban bisturí y empezaban a profundizar en la carne. 

Me lo imaginaba todo más sangriento, más sucio, menos delicado, pero me he sorprendido. La cirugía es todo un arte, y los cirujanos unos artistas. 

En mi primera práctica en el quirófano pude observar una tiroidectomía (al paciente le estaban quitando el tiroides, tenía un bocio bastante exagerado) Era impresionante ver cómo iban poco a poco quitando cada capa de tejido, cauterizando, ligando vasos sanguíneos, teniendo un desmesurado cuidado en todo momento.

Me asombró también la coordinación que debían tener el cirujano, su residente, la enfermera, el anestesista, e incluso nosotros.

Sí, nosotros (mi compañero de prácticas y yo) también pusimos nuestro granito de arena en aquella cirugía. Nos dejaron lavarnos, nos pusieron guantes y bata esterilizados, y allí estuvimos, ayudando al cirujano y a la residente de cirugía a mantener la piel y los músculos separados, dejándoles un campo de visión libre en el que poder trabajar. (Obviamente no usábamos las manos directamente, usábamos algo que ellos llamaron "mosquitos", que eran una especie de tijeras-pinzas, y una herramienta que tenía forma de palanca curvada)

Sé que muchos compañeros han asistido a sus prácticas en quirófano y sólamente han podido observar la actividad desde un rinconcito en el que "no molestasen a nadie". Así que me siento afortunada, porque me ha tocado un tutor de prácticas genial, que verdaderamente me está aportando conocimientos y me deja explayarme hablando con él, preguntarle todo lo que quiera, y tratarle con algo de cercanía (aunque siempre manteniendo el respeto) sin sentir miedo a recibir un palo verbal por su parte. 

Creo que en una semana, mi tutor de prácticas, el primer doctor que se ha molestado en aprenderse mi nombre y me ha tratado como alumna que soy (no como un cacho de carne que está ahí pululando y molestando, como hacen la mayoría), se ha ganado por mi parte un mayor aprecio del que han podido ganarse profesores y tutores de prácticas que han compartido conmigo mucho más tiempo. 

Me va a dar pena cuando se acaben las prácticas de cirugía el viernes de la semana que viene... No es que ahora quiera ser cirujana, pero para mí la cirugía ya no es un ente siniestro y oscuro. Ahora veo color y oigo hasta música XD

PD: Hoy he descubierto que eso de que los cirujanos se cuentan chistes y dicen chorradas mientras el paciente está dormido, es completamente cierto. De hecho hoy me he reido bastante. Además algunos ponen música cursi mientras operan... (todo un espectáculo oir la canción de "Penélopeee... Con su bolso de piel marroooon" mientras ves cómo le extraen el tiroides a alguien...) Me pregunto si habrá alguna canción que me guste de forma subconsciente por haberla "oido" estando anestesiada mientas me operaban XD

martes, 4 de mayo de 2010

Bautizada visceralmente (y quirúrgicamente traumatizada)

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¡Hoy he comenzado mis prácticas en cirugía general! 
Yo pensaba que como mucho estaría de espectadora en uno de los quirófanos de la planta... Pero me han curado de espanto el primer día. 

Sabía que tarde o temprano tenía que enfrentarme a lo visceral, y que vería muchas cosas asquerosas a lo largo de la carrera, pero esta mañana no estaba mentalizada para ello, y me he encontrado haciendo la cosa más visceral y a mi juicio asquerosa que he hecho en mi vida XD

En fin, que procedo a contar y aviso a aquellos que sean escatológicos para que no sigan leyendo:

Comenzamos la mañana con una sesión clínica en la que se habla de pacientes oncológicos, biopsias, cirugías para extraer el tumor... En la mayoría de los casos tumores intestinales, sobre todo de colon. He de decir que esta parte de la jornada me gustó bastante, porque había una Anatomopatóloga comentando las características de los tumores y los resultados de las biopsias que,  ¡hablaba tan bien! Y yo que como dice BlazkZack soy una outlayer... (me salgo de las estadísticas y me gustan las especialidades que nadie quiere XD como microbiología o anatomía patológica) sentí unas ganas enormes de levantarme y decirle a esa mujer "Oye, en serio, oyéndote no puedo sino pensar que quiero ser como tú de mayor"

Después de revisar todos los casos, nos repartieron entre los cirujanos del servicio, para que fuéramos con ellos de paseo, al quirófano, a consulta o a pasar planta. A nosotros nos tocó con uno de esos médicos tutores que escasean bastante. Uno de esos que te explican bien las cosas, te dejan "meter mano" en algún que otro sitio, y además ¡te llama por tu nombre y te presenta a sus pacientes! (anonadada me hallaba, que después de tanto chulo suelto, el hecho de que procurase al menos saberse nuestros nombres me pareció todo un detallazo)

Y bueno, comenzamos así nuestro vagaje por la tercera planta del hospital, visitando a los pacientes de cirugía general a sus respectivas habitaciones. Hacemos un alto entre tantos para revisar a un paciente más: Mujer, que rondaría unos 50-60 años, que había sido operada para quitarle varios tumores en el colon sigmoide (tenía adenocarcinoma) y se le había realizado una colostomía (técnica quirúrgica que extrae parte del intestino grueso hacia la pared del abdomen. De esta forma las heces no salen a través del ano, sino a un orificio situado en la pared abdominal, del cual cuelga una bolsita destinada para recogerlas)

Al parecer la mujer evolucionaba favorablemente, pero al quitarle la bolsita para observar el orificio de la pared abdominal los cirujanos empezaron a hablar
-Oye, ¿no crees que el orificio ha encogido un poco?
-Quizá sea tejido de granulación, por la cicatrización
-Vamos a hacer un "tactito" para ver si el conducto está bien y la "caca" puede salir
-Sí...-Y el doctor "soy el único que te llama por tu nombre de entre toda la plantilla de éste hospital" (que me perdone la Dra. Jomeini por usar su técnica de poner pseudónimos a los profesionales que trabajan en la sanidad XD) se pone unos guantes de la talla L e introduce un dedo a través del agujero... Lo mueve hacia arriba, palpando, y saca el guante... impregnado en... Ya se imaginarán... En mierda-Bah, ¡ por aquí baja perfectamente! Es sólo tejido de granulación-declaró, convencido, y entonces llega el momento fatídico en que nos mira y dice-¿Ustedes quieren probar?-parecía una sugerencia, pero no lo era. Quería que uno de nosotros metiera mano ahí, a ver si éramos capaces. Y si no lo hacíamos seguramente tocaría una charla de "pero si es que estas cosas se las van a encontrar todos los días, tienen que aprender", con reafirmación de superioridad profesional incluida.

Mi pobre compañero de prácticas fue el primero que se atrevió. Metió el dedo meñique en aquel boquete, y lo movió, sin mirar, y su cara era un poema. Yo me estaba haciendo la sueca como quien dice, para ver si con que lo hiciera uno le bastaba... Pero cuando mi compañero terminó me miró a mí, y me señaló el orificio repetidas veces, como diciendo "Venga, te toca, a ver si eres capaz" Y yo, para no perder la dignidad (sí, suena irónico, pero si no hacía eso, perdía la dignidad delante de los cirujanos y quizá hasta dejaban de llamarme por mi nombre, quien sabe XD) metí el dedo meñique, enguatado eso sí, y lo moví ahí dentro, con cara de circunstancia, de autocontrol, mientras por dentro pensaba "Oh Dios mio, por favor, no puedo vomitar aquí, voy a morirmeeee". Dejé a mi pequeño dedo sentir la consistencia pastosa de la mierda que tras el orificio se encontraba, preparada para salir en poco tiempo al espacio de la bolsita plástica, y lo saqué cuando observé al cirujano satisfecho, poniendo yo una sonrisa de idiota para disimular el asco que me daba el pestazo que soltaba aquel agujero, y la visión de mi dedo meñique lleno de mierda ajena.

Tiré el guante a la basura, y me aparté disimuladamente. Respiré hondo... Uff.... Pensé entonces "y después hablaba de los coprocultivos de las prácticas de micro, creo que después de esto puedo hacer cualquier cosa". Volvieron a ponerle la bolsa a la señora, nos despedimos de ella, y continuamos con el paseo sin más experiencias traumáticas para mí... Eso sí... Me pasé el resto de la mañana lavándome las manos cada vez que tenía oportunidad... 




Ésta era la primera vez que "tocaba" una víscera con mis manos. Creo que no sirvo para ser cirujana... Lo mio es el laboratorio XD




jueves, 29 de abril de 2010

De profesión: tocapelotas

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 Nunca he sido de las que dan excesivamente el espectáculo. Cuando estoy con mi pareja y hay más gente no hago que los demás se sientan como violinistas o candelabros, y tampoco me dedico a merendarme a mi novio mientras otros intentan conversar con nosotros.

Pero todo tiene un límite... Y si bien yo soy respetuosa con los demás y no les hago tragar cosas que son sólo de mi novio y mias, espero de los demás que respeten los momentos en los que hablo a solas con mi novio.

No soy una novia posesiva que pretenda acaparar todo el tiempo, pero me gusta pasar aunque sea veinte minutos sola con mi pareja, aunque sea para hablar de aquellas cosas que no hablas con nadie más que con tu pareja, o para estar juntos.

Y creo que es bastante evidente que cuando eso pasa los demás no deben acercarse. Si veo a dos personas haciéndose arrumacos, o hablando en actitud cariñosa (sin dar el espectáculo XD) no voy a ir a interrumpir. Eso es para mí una grosería, además de una falta a nuestro derecho a la intimidad.

La mayoría de nuestros amigos y conocidos entienden ese tipo de cosas, pero... Hay alguno que no se entera... Hay una persona en nuestra facultad (estudiamos medicina en la misma universidad ambos, y menos mal, porque a penas tenemos tiempo libre entre semanas y allí podemos estar un ratito a solas de vez en cuando) que siempre aparece cual mosca cojonera cuando estoy intentando disfrutar de esos veinte minutos de tranquilidad con mi novio.

Es el típico fantasmón, que se cree que es la leche y todo el mundo se ríe con sus gracias. Y en ese "todo el mundo" vamos incluidos mi novio y yo. En medio de su desesperación por llamar la atención siempre tiende a decir fracesitas jocosas, pasando a nuestro lado, cuando se nota de lejos que no deseamos que NADIE se acerque. Y si eso fuera un par de veces todavía le reiría la gracia, pero ya es siempre. Cada vez que nos ve tiene que venir a tocar los cojones y a hablar con mi novio de cosas absurdas "de machos" como si yo no existiera.

En la última de sus gracias a punto estuve ya de volverme una cobra venenosa y lanzarme contra él. Sólo estaba abrazando a mi novio y ya nos soltó "¡Váyanse a un motel!" entre carcajadas. Que sí, que esa broma es muy típica y lo hace todo el mundo. Pero cuando se repite uuuuuuuuuuna y oooooooootra vez acaba volviéndose una pesadilla.

Ya le he dicho a mi novio que la próxima vez que se acerque le pegaré un buen corte, por no pegarle un guantazo, que es de lo que verdaderamente tengo ganas. Estoy cargada de exámenes y no veo a mi novio tanto como quisiera, y este agilipollado mental está estropeando los pocos momentos en los que puedo relajarme.

Mal bicho le pique en sus partes y le transmita una ETS ¬¬ (Enfermedad de Transmisión Sexual) así se le quitará la bobería.

viernes, 16 de abril de 2010

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Hoy es uno de esos días en los que a una le viene a la mente el típico pensamiento negro. Cada uno tiene el suyo propio, y el mio viene siendo el mismo desde hace tiempo. Y es cuando veo grandes muestras de incomprensión por doquier cuando caigo nuevamente y pienso: "Nadie me escucha, nadie me entiende"

Siempre me he sentido distinta, por circunstancias de la vida. Normalmente me siento orgullosa de no ser igual a las mayorías en todo, de tener una chispa de originalidad, de esa que escasea tanto últimamente. Pero cuando la incomprensión es tan grande no puedo sino sentirme desgraciada o furiosa porque nadie sea capaz de entender lo que quiero expresar. 

Y entonces la burbuja se me hace más pequeña, y me quedo quieta, en un espacio reducido en el que no cabe nadie más que yo. Me quedo encerrada aquí adentro, y nadie es capaz de sacarme. 

Como se suele decir: rodeada de mucha gente, pero en esencia, sola. Y cada vez con una piedra más a la espalda.

PD: Hoy cedo el honor de ponerle música a mi entrada a una amiga mia. Llevo la mitad de la tarde escuchando una canción que ella compuso. Se la dedico de paso a alguien que parece sentirse mal por mi culpa. Porque esto es lo que ella siente.


sábado, 10 de abril de 2010

Un año más vieja

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El tiempo vuela, y así los años pasan a una velocidad a veces abrumadora, que acelera exponencialmente. Hoy supero las dos décadas, pues hace 21 primaveras que abrí los ojos para conocer el mundo. Aún sigo sin terminar de conocerlo.

En estos veintiún años, muchas cosas han cambiado, y en cambio otras siguen igual. Muchos se han ido y otros muchos han llegado, he perdido muchas cosas, pero he ganado otras tantas. Y he crecido. 

Cuando empezaba a dar los primeros pasos de mi vida las etapas siguientes parecían encontrarse a años luz. Como todo niño, cuando estaba en el colegio miraba con admiración a quienes iban al instituto, y una vez estuve allí estaba deseando llegar a la Universidad. Ahora que estoy en la Universidad miro hacia atrás y echo de menos el colegio y el instituto, lugares en los que dejé muchos recuerdos, personas y acontecimientos importantes que me formaron tal y como soy hoy.

Y es que a veces la nostalgia me inunda. No creo que estos tiempos sean los peores, pero hay muchas cosas que echo de menos. Como la inocencia, o la gran importancia que uno le daba cuando era pequeño a cosas que hoy resultan triviales. 

Echo de menos oir a mi abuela paterna cantando en la cocina,  mientras yo le decía seriamente que debería presentarse al programa "Lluvia de estrellas". Echo de menos los trucos que utilizaba mi bisabuela para que comiera cosas que a primera vista no me gustaban, diciéndome que a cada cucharada de aquella sopa de verduras que me comía me volvía más alta, más esbelta, más parecida a Cenicienta

Añoro los recreos en los que jugaba a polis y cacos, los libros en los que me enfrascaba cuando era pequeña, la ilusión que me hacía comerme un bocadillo de nocilla o comprarme un sobre de estampas de "Vida y Color" (sí, se ve que ahí ya tenía el rejo de médico XD) Las tardes que pasaban volando jugando a las muñecas, y las series de dibujos animados de antaño como Willy Fog y la vuelta al mundo en 80 días, Érase una vez (en todas sus variantes), Sailor Moon, Reena y Gaudi, y algunas "algo" más modernas como Card Captor Sakura, la cual a veces vuelvo a ver con enorme añoranza. 

Pero no todo es nostalgia. Los años se llevan muchas cosas, pero me han traido otras. Momentos inolvidables, como las primeras veces que salí con mis amigas, el primer chico que me gustó, el primer beso, el primer amor, la primera vez. Días sonados como aquel en el que me confirmaron que tras mis extenuantes esfuerzos en la PAU podría entrar en la carrera que había elegido, el día que pisé por primera vez la universidad, o aquella declaración "sutil" que le hice a mi novio el día antes de que comenzásemos a salir (me pasé la noche entera sin dormir pensando en que la había fastidiado buena XD y resulta que al final fui correspondida) 

Y ahora puedo hacer cosas que muchos no podrían hacer, como el encontrar errores garrafales en House, o preguntarme por qué demonios en todas las series de hospitales las radiografías salen al revés XD. 

En definitiva, me hago vieja, y es algo inevitable. Me deseo un feliz cumpleaños, y ¡espero que sean muchos más!

lunes, 5 de abril de 2010

De vuelta a la rutina, el karma contraataca

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Lunes... Comienza de nuevo la agotadora rutina de clases, prácticas, trabajos, exámenes y demás después de haber podido disfrutar de una semana en la que me propuse seriamente no tocar ni un libro (ni un libro o apunte de medicina, claro está, que otros sí que me los he leido. De hecho he estado enfrascada leyendo Las Vírgenes del Paraíso, de Bárbara Wood, y he curioseado un poco Muerto hasta el anochecer, de Charlaine Harris)

Y como la semana en general ha sido buena, y he llegado a sentirme desconectada de todo después de mucho tiempo (siempre me coincidía que tenía exámenes según llegaba de cualquier tipo de vacaciones, así que no las podía disfrutar del todo, pero esta vez no tengo examen alguno hasta el día 30 de abril) pues ya desde ayer por la tarde el karma hacía de las suyas, y me daba ostiones (con perdón) para que bajase de mi nube de relax y bienestar...

Empezó todo a eso de las 5 y media. Un ligero dolor de cabeza embotaba mi mente, y no parecía querer irse con el termalgin (paracetamol) que me tomé. Era algo molesto, pero podía aguantarlo perfectamente. La cosa es que cuando me dan esos dolorcitos suaves pero constantes sé cómo suele acabar la cosa... Y en mi cabeza parpadeaba una alarma que repetía en rojo y mayúscula: "MIGRAÑA".

Total, que ya estando de mal humor debido a la desagradable sensación que llenaba mi cabeza y a la certeza segura de que iría a peor, me recuerda un compañero de clase, por el msn, que hoy tenemos prácticas. Ahí fue cuando ya pensé lo de siempre "ya sabía yo que me tocaba alguna putadilla pronto, que si no el caos universal iba a ser monumental"

Y así, tal y como había previsto, la cosa fue a peor. Me martirizaba la idea de despertarme temprano después de tantos días y además tener que pasarme casi la totalidad del día en la facultad debido a las prácticas, y a la vez sentía cómo mi dolor de cabeza iba en aumento. A eso de las 7 acabé diciéndome: Migraña, sin duda.

Mi domingo, mi despedida de las vacaciones fue una tarde-noche con la luz apagada, las cortinas y la puerta cerradas y la almohada alrededor de la cabeza. Y cuando volví a abrir el ojo, pensando que ya se me había pasado, era tarde y a penas pude disfrutar de los últimos resquicios de mi libertad. Además aún tenía esa sensación molesta entre las sienes, que me hacía sentir que me había dado un porrazo en medio de la frente.

Cuando me fui a dormir con intención de descansar y poder despertarme temprano sin morir en el intento, el dolor de nuevo fue en aumento,  contraatacando y martirizándome porque era perfectamente consciente de que tenía que dormirme, que si el maldito dolor de cabeza no se me pasaba, me darían las tantas y sería un zombie al día siguiente. Y así ocurrió. La última vez que miré el reloj antes de lograr conciliar el sueño, eran las 4 a.m. Y me tenía que despertar a las 6.20 a.m

Fui incapaz de mover un sólo músculo. Mi madre vino a despertarme porque no me levantaba con el despertador, y creo que emití una especie de gruñido, fui a desayunar, y le dije que me volvía a la cama, que no iba a aguantar despierta en clase. Y para dormir en la facultad, mejor duermo un poco más en casa ¿no?

Así que dormí un par de horitas más, y le di por **** al karma. He dormido poco, aun así, pero al menos sobreviviré. Ahora me encuentro en la sala de informática esperando a que termine la clase de la tercera hora. Entonces volveré a incorporarme... A la tediosa rutina de siempre.

jueves, 18 de marzo de 2010

Morir trabajando, y de paso aprender cultura general XD

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Ando súper estresada últimamente. Me han empezado las nuevas asignaturas del segundo cuatrimestre de la universidad, y con ellas me ha llegado una ingente cantidad de trabajo que hacer, así que, mientras estudio para los exámenes, tengo que hacer varios trabajos y además ejercicios evaluables, y muchas cosas más. Me siento como en el colegio, haciendo otra vez "los deberes". La diferencia es que antes si no los hacía, me ponían una nota en la agenda del colegio y mis padres me echaban un poquito la bronca, y de ahí no había más trascendencia (Total, tampoco solía ocurrir, así que no le daban demasiada importancia. Si hubiera sido mala estudiante, no habría llegado a entrar en Medicina, porque me pedían una nota muy alta en la PAU o lo que viene a ser la antigua selectividad) Pero ahora, si no hago estas cosas, pierdo oportunidades. No es obligatorio hacer estas cosas que me proponen los profesores (porque no las mandan, las proponen), pero es muy poco recomendable echarse a la bartola y esperar a que te caigan las cosas del cielo en esta carrera que, sin querer menospreciar otras que tienen su dificultad y ya fuera de que yo esté estudiándola, considero que es la más difícil de todas.

Y en mi desenfrenado ritmo de realización de tareas, estudio demás, me encontraba hace un rato buscando información para un trabajo que el profesor de Planificación Sanitaria nos propuso. Buscaba información sobre el sistema sanitario de Japón, pues el trabajo consiste en hacer una exposición sobre un sistema sanitario extranjero, y yo escogí este país (no sólo por obvias razones "frikis" sino porque me parecía interesante investigar y comprobar si el desarrollo tecnológico se corresponde con el sanitario) Y como si se tratase de una paradoja del destino encontré, en medio de mi estrés, un nuevo concepto que sólo existe en Japonés: Karōshi 

¿Que qué es "Karōshi" y por qué digo que es una paradoja del destino haber encontrado información sobre ese término? Pues bien; estando yo estresada, me encuentro con algo que significa exactamente "muerte por exceso de trabajo y estrés". Sobra decir que no he podido apartar mi atención de ello y he leido el artículo entero, y al final de leerlo, he sentido vértigo.
En Japón, la cultura se basa en el honor, el deber y la responsabilidad, y éstos no son unos valores que supongan una tradición exportada para crear una mejor visión externa. No, estos valores están profundamente arraigados en la sociedad japonesa. Eso reflejado en el trabajo deriva a jornadas intensas sin descanso, miedo a ser mal mirado en la sociedad por ser despedido o no cumplir con las obligaciones laborales, miedo a dimitir aunque el trabajo esté pudiendo con la persona, y así una interminable lista que hace que el estrés laboral sea extremo, que la persona no viva para otra cosa que no sea su trabajo. Y así, desde hace unas cuatro décadas ha aparecido el fenómeno del "Karōshi", que cada vez se está volviendo más frecuente en este país, llegando a tener una tasa de entre 300-600 muertos al año.. 

Estas personas mueren espontáneamente, a edades muy tempranas en muchas ocasiones, sin presentar necesariamente patologías previas. Todo por agotamiento y estrés laboral... Y nosotros, en Europa, cada vez tenemos peores jornadas laborales, y nuestro estrés aumenta de manera significativa cada día.

Mi pregunta como futura profesional sanitaria, es la siguiente: ¿Llegaremos a ver nosotros, los futuros médicos españoles, casos de "Karōshi" a la europea? Sospecho y me temo, que si sigue así la cosa, la respuesta es más que afirmativa. Y muy probablemente habrá más de un "Karōshi" entre los estresados médicos que seremos el día de mañana.

Que Chuck Norris nos coja confesados...